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Las abejas obreras superan siempre en
número, con gran diferencia, a los zánganos. En primavera, en una colonia de
la zona templada del mundo, el número de obreras varía entre 8.000 y 15.000,
y a comienzos del verano, puede llegar a ser superior a 80.000. Aunque
carecen de la capacidad de aparearse y reproducirse, las obreras segregan
cera, construyen el panal, recogen néctar, polen y agua, transforman el
néctar en miel, limpian la colmena y, en caso de necesidad, la defienden.
El polen es la principal fuente
de proteínas, grasas, minerales y vitaminas de las abejas, principios
alimenticios esenciales para el crecimiento y desarrollo de las tres castas.
Las abejas adultas pueden subsistir a base de miel o azúcar, una dieta de
carbohidratos puros. Además de recolectar y almacenar alimento para todos
los miembros de la comunidad, las obreras son las responsables de defender
la colonia y de mantener la zona de puesta a 34 °C, temperatura óptima para
la incubación de los huevos y el desarrollo de las crías. Cuando la colmena
se calienta demasiado la ventilan entre todas batiendo las alas. Cuando el
tiempo es fresco, se arraciman en torno a la zona de puesta y generan calor.
Los huevos, introducidos cada uno en una celda, se abren al cabo de tres
días. Las larvas son alimentadas con jalea real durante los dos días
siguientes y después con polen y néctar o miel. Cada una de los cientos de
larvas de una colmena debe ser alimentada muchas veces al día.
Durante las tres primeras
semanas de vida adulta, las obreras dedican sus labores a construir el
panal, limpiar y pulir las celdas, alimentar a las larvas y a la reina,
controlar la temperatura, evaporar el agua del néctar hasta que toma la
consistencia de una miel espesa y otras muchas y variadas tareas. Al final
de este periodo trabajan como recolectoras y defensoras de la colonia. Las
obreras que se desarrollan al comienzo de la estación llevan una vida muy
activa que, desde el huevo hasta que mueren, dura unas seis semanas. Las
obreras criadas a finales del otoño suelen vivir hasta la primavera, ya que
tienen poco que hacer durante el invierno, excepto comer y mantenerse
calientes. Al contrario que otras especies de abejas, las abejas melíferas
no hibernan.
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