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Según las observaciones hechas a través de los siglos
y las investigaciones de estos últimos años, es posible afirmar hoy día que
el veneno de abeja tiene una acción selectiva sobre el sistema nervioso. La
reina Cleopatra, (En el antiguo Egipto), que estaba particularmente
interesada en la acción de los venenos, reunió una colección de sustancias
venenosas lo más diversa. Trataba de descubrir las que podrían causar una
muerte sin sufrimientos y experimentaba su acción sobre condenados a muerte.
La experiencia demostró que sólo el veneno de avispa (el de abeja no podía
ser utilizado porque estos insectos eran considerados como sagrados)
producía una muerte rápida y que causaba menos sufrimientos. El condenado al
que se le inyectaba este veneno perdía el conocimiento, su rostro se cubría
de sudor y rápidamente sobrevenía la muerte. La manera de actuar del veneno
de avispa es parecido al de la abeja. Los doctores alemanes W. Neumann y K.
Habermann indican que una inyección de melitina (proteína extraída del
veneno de abeja), determina una baja de la tensión sanguínea, la hemolisis
(destrucción de los glóbulos rojos), una contracción de las fibras
musculares estriadas y lisas, suprime los relevos neuromusculares y
ganglionares. Por otra parte, según estos mismos autores, la hialuronidasa,
(diastasa extraída igualmente del veneno de abeja), aumenta la permeabilidad
de los capilares sanguíneos. Esta permeabilidad de los vasos es capital:
cuando disminuye, a causa de perturbaciones del funcionamiento del sistema
capilar a consecuencia de envejecimiento o de estado mórbido del organismo,
entraña trastornos graves de las condiciones de intercambio entre los
órganos y los tejidos. Hoy día, está reconocido que la permeabilidad entre
el tejido conjuntivo y los capilares sanguíneos depende esencialmente de la
acción fermentativa del ácido hialurónico que entra en la composición del
tejido conjuntiva. Las sustancias que contienen hialuro-dinasa (veneno de
abeja, hirudina, ronidasa, extracto testicular, espermina, etc.) incluso a
dosis muy débiles determinan un aumento de esta permeabilidad. En 1958, los
franceses Gort y Dery han demostrado sobre ratones que el veneno de abeja
actuaba como sustancia antagonista de la toxina a de la estafilococcia y del
tétanos. Esto se explica por la
presencia de fosfolipasa en este veneno. Así gran número de documentos y
experiencias llevan al convencimiento de que las "picaduras" de abejas o las
inyecciones de apitoxina determinan en el organismo humano no solamente una
inmunidad al veneno de abeja, sino también a ciertas enfermedades
infecciosas. Por consiguiente, el veneno de abeja. A condición, sin embargo
de ser empleado convenientemente, aparece como un remedio curativo y
profiláctico excelente que actúa tanto sobre un órgano aislado o cuando una
enfermedad determinada, como sobre el conjunto del organismo El veneno
introducido en el organismo desencadena inmediatamente una reacción de
defensa de éste. Esto explicaría en cierto modo el hecho de que los
apicultores que trabajan desde hace muchos años con las abejas tengan
generalmente una salud excelente y vivan largo tiempo. Poseerían además, una
cierta inmunidad frente a diversas enfermedades. Creemos pues que ha llegado
el momento de estudiar de más cerca las propiedades profilácticas del suero,
obtenido a partir de animales de laboratorio o domésticos inmunizados con
veneno de abeja. Esto permitiría obtener nuevas vacunas y extender la lista
de medicamentos biológicos de que ya disponemos. |