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Estudios recientes han puesto de relieve toda una gama de formas de comunicación animal. Así, por ejemplo, cuando una abeja descubre una fuente de néctar, vuelve a la colmena para informar sobre su hallazgo.

Una abeja obrera puede volar medio kilómetro o más desde la colmena, en busca de flores que constituyan una fuente adecuada de alimento. El Sol suele ser utilizado como punto de referencia para la dirección, aunque la abeja puede orientarse con precisión, incluso con relativa facilidad, cuando éste queda oculto por una nube. Cuando encuentra una fuente de alimento adecuada, tiene la capacidad de calcular el camino de vuelta a la colmena teniendo en cuenta el viento y el movimiento aparente del Sol. Una vez ha retornado a la colmena, comunica la localización del alimento mediante una “danza” que proporciona información a cerca de la distancia y dirección. Las otras abejas utilizan esta información para dirigirse de forma directa hacia el alimento. En este ejemplo, cada modelo de conducta aprendido y codificado por los genes desempeña un papel muy importante. Los instintos permiten que los animales demuestren conductas altamente adaptativas y con frecuencia muy complejas, sin la necesidad de que dichas respuestas tengan que aprenderse mediante ensayos y errores.

 Una persona que dedico mucho de su tiempo y inclusive fue el pionero en este tema de la orientación y comunicación de la abeja fue el zoólogo austriaco galardonado con el Premio Nobel,

Frisch, Karl von (1886-1982), Nacido en Viena el 20 de noviembre de 1886.Tras comenzar sus estudios sobre las abejas melíferas a partir de 1919, descubrió que su sentido del olfato era muy parecido al de los humanos y que podían distinguir todos los colores de las flores excepto el rojo.

 Después de la II Guerra Mundial, cuando regresó de la Universidad de Graz (Austria), a la de Munich (Alemania), descubrió que las abejas, gracias a su percepción de la luz polarizada, podían servirse del sol como brújula, y que incluso en días cubiertos no perdían el sentido de la orientación. Utilizando abejas marcadas, demostró que, al regresar a la colmena, una abeja realizaba una danza circular si había encontrado una fuente de alimentos a cierta distancia; si la comida se hallaba a una distancia mayor, la danza sería oscilante.